lunes, 14 de agosto de 2017

El Procesamiento Sensorial visto en primera persona, en la voz y la experiencia de un niño con Autismo. Una forma amena, didáctica y muy simple de entender cómo el Procesamiento Sensorial se relaciona con el aprendizaje, la auto regulación y la interacción con el entorno. A todos los usuarios que solicitaron la traducción de este video les digo: Tarea cumplida!! Disfrútenlo.

Red Sensorial




miércoles, 9 de agosto de 2017

Paradojas de estar vivos...

NO PODEMOS HACER TODO ESTO JUNTOS, PERO NO PODEMOS HACER TODO ESTO SOLOS.
Soy poderoso porque estoy solo. Y nada ni nadie me importa. Soy intocable. Invencible. Autosuficiente. Completo. Lleno de amor. Una presencia no dual ilimitada.
No necesito ayuda aquí.
Soy poderoso porque estoy desnudo, soy un niño precioso, un principiante, expuesto a los elementos y tan dependiente de los demás, y tan honrado por todo lo que se ofrece y todo lo que no sé y todo lo que no puedo ver y tan malditamente indefenso ante la creación, tan necesitado de Dios y de amor y de la familia y de la comunidad, estoy tan enamorado de esta unión divina.
Yo estaba equivocado, también. Necesito tu ayuda aquí.
Madre. Padre. Hermano. Amante. Extraño. No me abandones ahora. Acércate.
Soy poderoso en mi independencia. Sin embargo soy poderoso en mi dependencia. Todos y todo en la existencia me importa, y toca mi corazón. Me mueve. Me afecta profundamente. Me rompe y luego me hace completo.
Me hace humilde. Me estabiliza. Me enseña.
Ya soy entero, pero necesito que el mundo me haga entero. Estoy loco de paradoja, entonces. Estoy loco de contradicción.
Que así sea. No estoy confundido.
Cuando éramos jóvenes nos enseñaron que nuestras necesidades humanas naturales no importaban. O que tener necesidades era un signo de debilidad.
La necesidad de amor. La necesidad de conectarnos. La necesidad de apoyo emocional. La necesidad de contacto físico. La necesidad de consuelo y calor humano, un calor que no podíamos ofrecernos a nosotros mismos.
Todo era ilusión o inmadurez. Tener necesidades. Ser dependientes. Importarles a los demás. Confiar en que los demás estén allí para nosotros. Creer que los demás nos importan. ¿Cuál era el punto?
"Madura", nos decían.
"Deja de sentirte tan necesitado".
Entonces nos convertimos en buscadores espirituales. Y nos recordaron que nuestras necesidades eran debilidad espiritual, ausencia de coraje. Un claro signo de que todavía estábamos identificados con el ego, que éramos demasiado humanos, que estábamos demasiado “apegados” al mundo y sus placeres, que estábamos demasiado atascados en la “dualidad” y sus historias, que nos sentíamos demasiado temerosos de nuestra soledad.
(Todo era verdad. Y todo era una maldita mentira.)
Aparentamos no tener necesidades. Pretendimos ser desapegados, no dependientes, una isla para nosotros mismos. Fingimos que podíamos hacerlo todo solos. Que no necesitábamos apoyo. Que siempre estábamos bien, porque la vida siempre está bien, ¿de acuerdo?
Sin familia. Sin amistad. Sin los “otros”.
Sin un llanto humano. Sin la Tierra.
Pero toda pretensión debe desmoronarse.
Todo fue un engaño.
Y así fue como nos rompimos y nos abrimos. Porque en última instancia era demasiado doloroso negar el corazón humano y su necesidad de intimidad, su grito para ser escuchado, atestiguado, acogido, ayudado, antes de la muerte.
Y en la ruptura de todos nuestros conceptos de segunda mano, descubrimos nuestro verdadero poder:
El poder que no necesita nada, que no quiere nada,
y sin embargo necesita y quiere también, necesita y quiere sin disculpa o vergüenza.
Estoy solo. Estoy completo.
Y sin embargo.
Necesito apoyo. Necesito calidez. Necesito que alguien me escuche de vez en cuando. Necesito un hombro para llorar. Un toque amistoso. Un compañero confiable en el camino.
Necesito un consejo. Necesito una reflexión sagrada. Otra voz. Otro universo para amar y entender y en el cual pueda perderme sin perderme.
Necesito un hermano, una hermana.
Necesito un amigo. Te necesito a ti.
Nada me duele. Y aún así me duele.
Tal vez tú también sientas dolor, a veces.
¿Te acercarás?
¿Me abrazarás aquí?
¿Y te dejarás abrazar?
No podemos hacer todo esto juntos, pero no podemos hacer todo esto solos.
En el medio, sí, en el fuego, podemos encontrarnos tan profundamente.
No salvándonos unos a otros, pero ya sin abandonarnos por el vacío.
Importándonos mutuamente ahora.
Dejando entrar al otro.
Encontrando seguridad en el riesgo.
Tocando, y siendo tocado a cambio.
Viendo, y dejándonos ver.
Dándonos espacio mutuamente, también.
Sin un lugar para descansar entonces, salvo en el amor, y en el aliento.
Poderosos. Impotentes. Solos. Juntos.
Necesitando nada. Necesitando todo.
Bailando a través de esta paradoja, día a día.
Enamorados de la contradicción.
Y simple... simple y sencillamente vivos.

- Jeff Foster

viernes, 4 de agosto de 2017

Permítete sanar tus heridas..

“Hace mucho, muchísimo tiempo, un expedicionario se aventuró en los territorios más inhóspitos de África. Solo le acompañaban sus porteadores. Todos llevaban un machete para abrirse paso entre la espesa vegetación. Tenían un único objetivo en mente: avanzar rápidamente a cualquier precio.
 
Si encontraban un río, lo cruzaban en el menor tiempo posible. Si se interponía una colina, apretaban el paso para no perder ni un minuto. Sin embargo, de repente los porteadores se detuvieron en seco.
 
El expedicionario se sorprendió puesto que solo llevaban unas cuantas horas de marcha. Así que les preguntó:
 
– ¿Por qué os habéis parado? ¿Acaso ya estáis cansados? Apenas llevamos unas horas de camino.

Uno de los porteadores lo miró y le respondió: 
 
– No señor, no estamos cansados. Simplemente hemos avanzado demasiado rápido y por eso hemos dejado nuestra alma atrás. Ahora tenemos que esperarla hasta que nos alcance de nuevo”.

Esta preciosa historia africana nos habla de la necesidad de conectar con nosotros mismos y de ser pacientes, de no permitir que la prisa con la que vivimos haga que nos desconectemos de nuestro “yo”. También nos habla de la necesidad de darnos el tiempo que necesitamos para sanar nuestras heridas emocionales, sin violentar nuestro ritmo.

Date el tiempo que necesites para sanar tus heridas

A veces la vida nos da duros golpes, nos pone a prueba con situaciones que sobrepasan nuestros recursos de afrontamiento. En esos casos en nuestra alma se queda una herida difícil de cerrar. Todos los traumas, incluso los más pequeños, dejan huellas en el cerebro. Y esas huellas son diferentes según el tipo de trauma que hemos sufrido.
Si en vez de tomarnos un tiempo para reflexionar y esperar a que esa herida cicatrice, nos lanzamos a vivir intensamente, solo para olvidar lo ocurrido, corremos el riesgo de desconectarnos de nuestra esencia. A nivel neurológico esto significa que la huella sigue estando latente y que condiciona nuestro funcionamiento, aunque no siempre seamos conscientes de ello.
Por eso, cuando tenemos una herida, es necesario esperar un tiempo prudencial hasta que nuestros recursos psicológicos se reorganicen. Las situaciones que nos llevan al límite normalmente demandan un cambio interior, pero solo podemos salir fortalecidos si aprendemos la lección, y para ello es fundamental mirar dentro de nosotros, no fuera.
De hecho, se ha apreciado que en personas que sufren estrés postraumático, para que sanen es necesario que en su cerebro crezcan nuevas neuronas. En teoría, esa neurogénesis permitiría “reparar” los circuitos rotos o que funcionan mal.
Por eso, cuando vivas una situación que ha dejado profundas huellas emocionales, es conveniente que te sientes al lado del camino, como los porteadores de la historia, y esperes pacientemente a que tu “alma” te alcance.
Cada herida sana a su propio ritmo, violentarlo no te ayudará a sanar más rápido, al contrario, aumenta el riesgo de que la herida se abra ante el menor contratiempo, de manera que irás por el mundo siendo más vulnerable. Tómate el tiempo que necesites para recuperar los pedazos rotos y ponerlos en su lugar.

No permitas que la prisa te desconecte de tu “yo”

No es necesario sufrir una herida emocional para mirar dentro de nosotros. A veces la desconexión se produce por la prisa cotidiana, porque estamos inmersos en proyectos que consumen gran parte de nuestro tiempo y corremos de un compromiso a otro, sin dedicarnos ni un minuto a nosotros mismos. Ya lo había dicho Séneca: “A los que corren en un laberinto, su propia velocidad los confunde“.
Cuando nos zambullimos en ese estilo de vida, nos limitamos a dejar que la corriente nos arrastre, cayendo en el riesgo de vivir en piloto automático, desconectándonos de nuestros auténticos deseos y necesidades. Por eso, no es extraño que muchas personas que han perseguido con ahínco una meta, cuando lleguen al final del camino ni siquiera se reconozcan. No se dan cuenta de que, no es tan importante alcanzar ese objetivo, como comprender a la persona en la que se han convertido mientras lo perseguían.
Por eso, es fundamental que cada día conectes contigo mismo, te dediques unos minutos para preguntarte si vas en la dirección correcta, si has sido comprensivo con tus errores, si has tenido en cuenta tus necesidades… Ese momento de conexión es fundamental porque te permitirá reevaluar lo qué quieres de verdad, para no dejarte llevar por los automatismos o limitarte a seguir los sueños de los demás.
Recuerda que estamos aquí para descubrir y seguir nuestro propio camino. No podemos encontrar la felicidad siguiendo el camino de los demás, así solo lograremos perderemos a nosotros mismos.

Fuentes:
Heim, C. M. et. Al. (2013) Decreased Cortical Representation of Genital Somatosensory Field After Childhood Sexual Abuse. American Journal of Psychiatry; 170(6): 616-623.
Bremner, J. D. (2006) Traumatic stress: effects on the brain. Dialogues Clin Neurosci; 8(4): 445–461. rinconpsicologia.com

https://compartiendoluzconsol.wordpress.com/2017/08/04/permitete-sanar-tus-heridas/


miércoles, 2 de agosto de 2017

Amor Incondicional - Abraham (Abraham-Hicks)

Te Amo Tanto Que No Importa Lo Que Pienses ♥

"Amor incondicional es quedarse en la vibración de la Fuente sin importar las condiciones. El amor incondicional dice: Soy la Fuente y Soy amor sin importar las condiciones"

Lo que buscamos en realidad es Estar alineados a quien realmente somos y vivir en este mundo

martes, 1 de agosto de 2017

EMPODERAMIENTO

Tus sentimientos, las energías vivas que se perciben en tu cuerpo en este momento, no fueron 'causadas' por alguien más, y tampoco son algo que alguien más pueda retirarlas. Nadie es responsable de tus sentimientos. La comprensión de esto puede dar término, de una vez por todas, al juego de la culpabilidad.
Sí, los demás pueden desencadenar dolor y tristeza en ti, ellos podrían contribuir en el campo en donde tu viejo y aún no resuelto dolor puede surgir de nuevo, sin embargo, no tienen la capacidad para hacerte sentir como te sientes. Nadie puede hacerte feliz, nadie puede hacerte infeliz. Tan sólo estás siendo invitado, incesantemente, a reconocer todo aquello que no has enfrentado en ti mismo, a ponerte en contacto con lo que nunca quisiste contactar dentro de ti, a explorar con valentía el campo de la presencia.
Hacer a los demás responsables de cómo nos sentimos es el comienzo de toda la violencia, tanto interna como externa, de todos los conflictos y, en última instancia, de todas las guerras que hay entre naciones.
No responsabilices a nadie por este asunto. Honra lo que está vivo en ti en este momento. Aprende a aceptar tus propios sentimientos como si fueran tus hijos queridos, sin importar la intensidad con la que ardan y clamen por atención.
Celebra la vivacidad de tu herida, la vitalidad de tu decepción, la electricidad de tu tristeza. Arrodíllate ante el poder de tu ira, honra su ardiente creatividad.
- Jeff Foster
(Imagen: Julio Segura Carmona)