Acompaño procesos de autoconocimiento y transformación personal utilizando una visión holistica del SER, con herramientas como psicología gestalt y transpersonal, neuroliderazgo, bioneuroemocion, metagenealogía, entre otras, enfocadas principalmente al campo emocional e inconsciente, y con el propósito de reconectar con lo real de cada uno y el sentido de vida.
viernes, 30 de noviembre de 2018
jueves, 29 de noviembre de 2018
martes, 27 de noviembre de 2018
Crianza respetuosa y consciente
Yo soy el adulto.
Yo pongo los límites, pero no por capricho. Ser caprichoso no es de adultos. Yo pongo los límites por salud, por seguridad y por respeto, a ti, a mí, y a los que nos rodean.
Yo soy el adulto.
Yo respeto tus límites, los que te incumben a ti y a tu cuerpo. Excepto en situaciones de emergencia, de seguridad o de salud, tu cuerpo es tuyo y nadie tiene derecho a exigirte nada. Respeto tus límites para que puedas aprender a respetar los límites de los demás.
Yo soy el adulto.
Yo soy quien te cuida y el responsable de tu bienestar. También soy el responsable de mi propio bienestar. Haré todo lo posible por cubrir tus necesidades sin descuidar por completo las mías. Me esforzaré en buscar el equilibrio entre ellas. Descubriré qué cosas necesito para recargar mi energía y buscaré la manera de incluirlas en mi día a día. Lo haré para poder ofrecerte la mejor versión de mí, la versión de mí que te mereces.
Yo soy el adulto.
Yo controlo mis emociones y aprendo a expresarlas sin hacerte daño. Si me desbordo, me alejo, respiro, me enfrío, y vuelvo cuando haya recuperado el control. Controlo mis emociones para que puedas aprender a controlar las tuyas.
Yo soy el adulto.
Yo no pego, ni grito, ni amenazo, ni insulto. Especialmente no lo hago a alguien que me quiere, que me necesita y que se mira en mí para saber lo que significa ser adulto. Yo arreglo mis conflictos hablando, o poniendo distancia, o pidiendo ayuda, para que tú puedas aprender a hacer lo mismo con los tuyos.
Yo soy el adulto.
Yo me disculpo cuando hago algo que no es propio del adulto que soy. Rectifico, pido perdón, e intento reparar el daño que haya podido hacer. Verme pedir perdón de corazón cuando hago algo mal, te ayudará a entender que no hay nada vergonzoso en reconocer un error, que todos nos equivocamos y que la disculpa es el primer paso para ser mejor persona y más adulto.
Yo soy el adulto.
Yo tengo paciencia cuando tienes problemas respetando mis límites, o los de tus amigos; cuando pierdes el control de tus emociones, cuando gritas, o pegas, o empujas. Te hago saber que no está bien, y hago lo necesario para ayudarte, pero lo hago sin herirte, sin humillarte, sin castigarte, desde el amor, desde la comprensión, desde el entendimiento de que estás aprendiendo.
Que tú aún eres un niño y que el adulto soy yo.
Autora: Rosa Fuentes - Crianza respetuosa y consciente
Yo pongo los límites, pero no por capricho. Ser caprichoso no es de adultos. Yo pongo los límites por salud, por seguridad y por respeto, a ti, a mí, y a los que nos rodean.
Yo soy el adulto.
Yo respeto tus límites, los que te incumben a ti y a tu cuerpo. Excepto en situaciones de emergencia, de seguridad o de salud, tu cuerpo es tuyo y nadie tiene derecho a exigirte nada. Respeto tus límites para que puedas aprender a respetar los límites de los demás.
Yo soy el adulto.
Yo soy quien te cuida y el responsable de tu bienestar. También soy el responsable de mi propio bienestar. Haré todo lo posible por cubrir tus necesidades sin descuidar por completo las mías. Me esforzaré en buscar el equilibrio entre ellas. Descubriré qué cosas necesito para recargar mi energía y buscaré la manera de incluirlas en mi día a día. Lo haré para poder ofrecerte la mejor versión de mí, la versión de mí que te mereces.
Yo soy el adulto.
Yo controlo mis emociones y aprendo a expresarlas sin hacerte daño. Si me desbordo, me alejo, respiro, me enfrío, y vuelvo cuando haya recuperado el control. Controlo mis emociones para que puedas aprender a controlar las tuyas.
Yo soy el adulto.
Yo no pego, ni grito, ni amenazo, ni insulto. Especialmente no lo hago a alguien que me quiere, que me necesita y que se mira en mí para saber lo que significa ser adulto. Yo arreglo mis conflictos hablando, o poniendo distancia, o pidiendo ayuda, para que tú puedas aprender a hacer lo mismo con los tuyos.
Yo soy el adulto.
Yo me disculpo cuando hago algo que no es propio del adulto que soy. Rectifico, pido perdón, e intento reparar el daño que haya podido hacer. Verme pedir perdón de corazón cuando hago algo mal, te ayudará a entender que no hay nada vergonzoso en reconocer un error, que todos nos equivocamos y que la disculpa es el primer paso para ser mejor persona y más adulto.
Yo soy el adulto.
Yo tengo paciencia cuando tienes problemas respetando mis límites, o los de tus amigos; cuando pierdes el control de tus emociones, cuando gritas, o pegas, o empujas. Te hago saber que no está bien, y hago lo necesario para ayudarte, pero lo hago sin herirte, sin humillarte, sin castigarte, desde el amor, desde la comprensión, desde el entendimiento de que estás aprendiendo.
Que tú aún eres un niño y que el adulto soy yo.
Autora: Rosa Fuentes - Crianza respetuosa y consciente
viernes, 23 de noviembre de 2018
LA DECONSTRUCCIÓN DE PENSARSE “NO SUFICIENTE”
..
La razón por la que uno se hiere, estando en la posición de “no sentirse suficiente”, es porque uno mismo no se ha aceptado tal y como es. Uno mismo ha decidido compararse y juzgarse. Uno mismo ha decidido verse incompleto, y/o se ha colocado en una posición en la que no es reconocido, para reafirmar su creencia inconsciente. La reversión de este engranaje conlleva un serio trabajo de introspección y auto exploración, con una dosis alta de paciencia y empatía.
La persona que en nuestra cabeza, “nos hace sentir así”, no es ni buena ni mala, hizo lo que hizo de acuerdo a sus posibilidades, para satisfacer sus necesidades. Sin afán de justificar al otro, la responsabilidad sobre sus acciones no nos incumbe a nosotros, ni es algo por lo cual podamos hacer algo al respecto, más que alejarnos, si es que eso nos aporta algo de valor.
El favor que le “debemos” a esa persona, en todo caso, es habernos apuntado de manera directa para que podamos ver con mayor claridad esa herida que aun no hemos sanado, y que muy probablemente acarreamos desde la infancia.
Lo que sucede al sentirnos heridos, es que proyectamos en el otro nuestro dolor, generando una imagen enemiga, todo esto sin darnos cuenta de que lo que estamos haciendo, es cavando un hoyo más profundo en aras de justificar nuestro propio sufrimiento.
Cuando nos pensamos como “no suficientes” conviene entender que el otro, en relación a quien nos pensamos de tal manera, configuró sus gustos y preferencias en base a miles de razones previas a nosotros. ¡A ver! El mundo no gira alrededor nuestro, aunque así en nuestra pequeñez (ego), a veces lo creamos, tanto para inflarnos como para desinflarnos.
En el plano dual, cada quien es lo que es desde donde se piensa. En el plano no dual, cada quien es lo que ES, previo a cualquier autoimposición o juicio ajeno.
Efusivamente,
Fadrique Soma
La razón por la que uno se hiere, estando en la posición de “no sentirse suficiente”, es porque uno mismo no se ha aceptado tal y como es. Uno mismo ha decidido compararse y juzgarse. Uno mismo ha decidido verse incompleto, y/o se ha colocado en una posición en la que no es reconocido, para reafirmar su creencia inconsciente. La reversión de este engranaje conlleva un serio trabajo de introspección y auto exploración, con una dosis alta de paciencia y empatía.
La persona que en nuestra cabeza, “nos hace sentir así”, no es ni buena ni mala, hizo lo que hizo de acuerdo a sus posibilidades, para satisfacer sus necesidades. Sin afán de justificar al otro, la responsabilidad sobre sus acciones no nos incumbe a nosotros, ni es algo por lo cual podamos hacer algo al respecto, más que alejarnos, si es que eso nos aporta algo de valor.
El favor que le “debemos” a esa persona, en todo caso, es habernos apuntado de manera directa para que podamos ver con mayor claridad esa herida que aun no hemos sanado, y que muy probablemente acarreamos desde la infancia.
Lo que sucede al sentirnos heridos, es que proyectamos en el otro nuestro dolor, generando una imagen enemiga, todo esto sin darnos cuenta de que lo que estamos haciendo, es cavando un hoyo más profundo en aras de justificar nuestro propio sufrimiento.
Cuando nos pensamos como “no suficientes” conviene entender que el otro, en relación a quien nos pensamos de tal manera, configuró sus gustos y preferencias en base a miles de razones previas a nosotros. ¡A ver! El mundo no gira alrededor nuestro, aunque así en nuestra pequeñez (ego), a veces lo creamos, tanto para inflarnos como para desinflarnos.
En el plano dual, cada quien es lo que es desde donde se piensa. En el plano no dual, cada quien es lo que ES, previo a cualquier autoimposición o juicio ajeno.
Efusivamente,
Fadrique Soma
ACERCA DE SER CRITICADOS (Jeff Foster)
“Mientras exploraba, procesaba y sentía,
- Jeff Foster (extracto de una entrevista del 2016)
permitiendo y abrazando mis propios profundos, oscuros, desagradables y dolorosos sentimientos a través de los años,
hubo gente que me aconsejaba, me advertía…que yo era muy sensible, demasiado profundo, muy negativo, demasiado emocional, demasiado “atrapado en el ego”; que estaba en problemas, que estaba roto, que era oscuro, estaba enfermo, y hasta enfermo mental.
Entiendo nuestro miedo colectivo ante las emociones crudas,
¡Nuestra necesidad de huir de la oscuridad y “buscar la luz”!
Aún así descubrí, cuando me acerqué a la muerte, que solo había más vida, y que realmente no hay nada que temer.
No existe la oscuridad, ni la “negatividad”, cuando enfrentas de verdad lo que está doliendo por dentro….
Una vez, cuando estuve más gracioso, despreocupado, y creativo, en contacto con lo absurdo y la comedia, lo tonto y el arte de la vida…
Hubo gente que me decía que no era lo suficientemente profundo, que me faltaba ser más espiritual, que no era demasiado serio; que usaba el humor como defensa, y que mi alegría era solo una fachada, que era falsa.
Por supuesto que entiendo la desconfianza relacionada con el alegre niño interno, el artista que llevamos dentro.
Pero vine a ver que TODOS necesitamos acceder a este espontáneo, libre y salvaje interior. Mi niño interno me destruyó y me salvó.
A veces, todos necesitamos reírnos de nosotros mismos…
En otras épocas, cuando comencé a poner límites, a decir que no, a moverme dentro de lo que estaba bien para mí, y definir lo que no…
Hubo gente que me decía que yo tenía miedo, que huía de la intimidad, que estaba traumado, que necesitaba ayuda, que mi forma de relacionarme estaba dañada y que los límites no son reales.
¡Comprendo también el disgusto que conlleva que a uno le pongan límites!
Es difícil escuchar un “No” de alguien.
Pero esto me ayudó a comprender, mientras fui el que recibió poderosos, honestos y amorosos No a través de los años, que el amor verdadero PUEDE decir NO…
Y prefiero tomar el dolor a corto plazo de la honestidad, que el dolor más profundo y crónico del resentimiento y la rabia latente acumulada internamente.
Aún nuestros sentimientos más profundos de rechazo y abandono, y “de no ser lo suficientemente buenos” pueden ser bañados con comprensión y compasión. Los límites nos ayudan a sanar, y nos acercan aún más…
Asique sí, me han dicho que soy frío, que me comportaba como un robot, que era inhumano, desapegado, narcisista, distante cuando no he sido capaz de, o no he tenido la voluntad de hacerme cargo de las necesidades ajenas…
Comprendo la demoledora (¡y generalmente inconsciente!) desilusión cuando otro no satisface lo que queremos o nuestras necesidades.
La desilusión, la decepción y la desesperación han sido realmente mis más grandes maestros…
Cuando he hecho mi camino, siguiendo a mi corazón, (algunas veces sin saber adónde me llevaría) y me he salido de aquello que se esperaba o demandaba de mí, y me he alejado de los condicionamientos de mi niño interno, me han dicho egoísta, temerario, que me encantaba abandonar… He sido condenado al ridículo y a ser un fracaso.
Conozco el coraje que requiere caminar el único y propio camino, y los (generalmente inconsciente) celos, envidia, deseos e incluso rabia que nuestra libertad puede disparar en otros que aún no han encontrado su propio coraje.
Entiendo el terror a la libertad, y a la vez, el anhelo por ésta; y la manera en que estos estados de celos y envidia pueden ser muy difíciles de digerir e incluso tolerar.
Ciertamente es más fácil juzgar a otros que tomar toda la responsabilidad por nosotros mismos.
Desde lo más profundo de mi corazón, quiero agradecer a cada uno de mis “críticos” a lo largo de estos años.
Incluyo también a mi propio ‘crítico’ interno, (¡tal vez la voz más fuerte de todas!).
Todos tuvieron razón, desde su propia perspectiva.
Me sacudieron, me rompieron, me despertaron, y sanaron. Me hicieron cerrar y abrir, y me llevaron al límite.
Probaron mi capacidad de resolución y me obligaron a acercarme cada vez más a mi cruda y honesta verdad…
Todos han sido mis gurúes, aunque lo sepan o no…”
hubo gente que me aconsejaba, me advertía…que yo era muy sensible, demasiado profundo, muy negativo, demasiado emocional, demasiado “atrapado en el ego”; que estaba en problemas, que estaba roto, que era oscuro, estaba enfermo, y hasta enfermo mental.
Entiendo nuestro miedo colectivo ante las emociones crudas,
¡Nuestra necesidad de huir de la oscuridad y “buscar la luz”!
Aún así descubrí, cuando me acerqué a la muerte, que solo había más vida, y que realmente no hay nada que temer.
No existe la oscuridad, ni la “negatividad”, cuando enfrentas de verdad lo que está doliendo por dentro….
Una vez, cuando estuve más gracioso, despreocupado, y creativo, en contacto con lo absurdo y la comedia, lo tonto y el arte de la vida…
Hubo gente que me decía que no era lo suficientemente profundo, que me faltaba ser más espiritual, que no era demasiado serio; que usaba el humor como defensa, y que mi alegría era solo una fachada, que era falsa.
Por supuesto que entiendo la desconfianza relacionada con el alegre niño interno, el artista que llevamos dentro.
Pero vine a ver que TODOS necesitamos acceder a este espontáneo, libre y salvaje interior. Mi niño interno me destruyó y me salvó.
A veces, todos necesitamos reírnos de nosotros mismos…
En otras épocas, cuando comencé a poner límites, a decir que no, a moverme dentro de lo que estaba bien para mí, y definir lo que no…
Hubo gente que me decía que yo tenía miedo, que huía de la intimidad, que estaba traumado, que necesitaba ayuda, que mi forma de relacionarme estaba dañada y que los límites no son reales.
¡Comprendo también el disgusto que conlleva que a uno le pongan límites!
Es difícil escuchar un “No” de alguien.
Pero esto me ayudó a comprender, mientras fui el que recibió poderosos, honestos y amorosos No a través de los años, que el amor verdadero PUEDE decir NO…
Y prefiero tomar el dolor a corto plazo de la honestidad, que el dolor más profundo y crónico del resentimiento y la rabia latente acumulada internamente.
Aún nuestros sentimientos más profundos de rechazo y abandono, y “de no ser lo suficientemente buenos” pueden ser bañados con comprensión y compasión. Los límites nos ayudan a sanar, y nos acercan aún más…
Asique sí, me han dicho que soy frío, que me comportaba como un robot, que era inhumano, desapegado, narcisista, distante cuando no he sido capaz de, o no he tenido la voluntad de hacerme cargo de las necesidades ajenas…
Comprendo la demoledora (¡y generalmente inconsciente!) desilusión cuando otro no satisface lo que queremos o nuestras necesidades.
La desilusión, la decepción y la desesperación han sido realmente mis más grandes maestros…
Cuando he hecho mi camino, siguiendo a mi corazón, (algunas veces sin saber adónde me llevaría) y me he salido de aquello que se esperaba o demandaba de mí, y me he alejado de los condicionamientos de mi niño interno, me han dicho egoísta, temerario, que me encantaba abandonar… He sido condenado al ridículo y a ser un fracaso.
Conozco el coraje que requiere caminar el único y propio camino, y los (generalmente inconsciente) celos, envidia, deseos e incluso rabia que nuestra libertad puede disparar en otros que aún no han encontrado su propio coraje.
Entiendo el terror a la libertad, y a la vez, el anhelo por ésta; y la manera en que estos estados de celos y envidia pueden ser muy difíciles de digerir e incluso tolerar.
Ciertamente es más fácil juzgar a otros que tomar toda la responsabilidad por nosotros mismos.
Desde lo más profundo de mi corazón, quiero agradecer a cada uno de mis “críticos” a lo largo de estos años.
Incluyo también a mi propio ‘crítico’ interno, (¡tal vez la voz más fuerte de todas!).
Todos tuvieron razón, desde su propia perspectiva.
Me sacudieron, me rompieron, me despertaron, y sanaron. Me hicieron cerrar y abrir, y me llevaron al límite.
Probaron mi capacidad de resolución y me obligaron a acercarme cada vez más a mi cruda y honesta verdad…
Todos han sido mis gurúes, aunque lo sepan o no…”
miércoles, 21 de noviembre de 2018
martes, 20 de noviembre de 2018
Todo aquello de lo que huyes sin resolver, se repite
La vida es nuestro aleccionador por este tránsito, nuestro principal fin acá es justamente lograr evolucionar, lograr ver a través de los ojos del corazón y quitarnos las capas con las cuales normalmente nos identificamos para darle paso a nuestra verdadera esencia, esa que va y ve más allá de lo que llamamos el bien y el mal.
Algunas veces en nuestro recorrido viviremos experiencias dolorosas, experiencias fuertes, en las cuales, en algunas oportunidades nos resultará más sencillo huir, correr, evadir o negar esa vivencia y pensando que nos estamos liberando del trago amargo, no pasará mucho tiempo para tener al frente un vaso igual o similar con el mismo contenido y podemos repetir el ciclo muchas veces, pero solo hasta que le hagamos frente y de una vez comprendamos que no nos resulta beneficioso pasarle de largo, o correr de él, es cuando las cosas comenzarán a mejorar.
Se dice que la vida es tan buena maestra, que cuando no tomamos una lección, nos la repite. Muchos podemos dar testimonio de que esto es así, de que por ejemplo nos hemos vinculado a una persona con características que nos roban energía, nos hemos marchado sin comprender realmente la situación, sin entender qué estamos proyectando para vincularnos a este tipo de personas, sin buscar en nuestro interior la herida que podemos sanar a través de esa relación y con el paso del tiempo, como un mal chiste, luego de haber huido, nos encontramos nuevamente atravesando una situación similar.
Esto no es producto de la casualidad, ninguna persona llega a nuestra vida por azar,todas tienen un propósito en nuestras vidas, así como nosotros tenemos un propósito en las de ellas, el principal siempre será enseñarnos, cargarnos de sabiduría, quizás no por la información que nos puedan transmitir, sino por el autoconocimiento que logramos a través de la proyección en ellos. Porque hasta lo que consideramos defectos y virtudes en el otro, no son más que llamados de atención para nuestra revisión y nuestro crecimiento.
Cada persona tiene algo que aportar a nuestras vidas, nos enseña a amarnos, nos enseña a amar, a aceptar, a cambiar, a sanar, solo debemos estar atentos, solo debemos ser conscientes y no permitir que nos pasen de largo. No se trata de darles un carácter utilitario, ni vincularnos por interés, se trata de sacar el mayor provecho a cada relación y no escapar de ellas hasta haber tomado la lección.
Cada vínculo nuestro merece nuestra bendición y cada una de nuestras relaciones merece ser sanada. No perdamos oportunidad, ni tiempo, exponiéndonos a revivir una experiencia una y otra vez por no saber sacarle provecho.
Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet
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